El niño a los 12 años

A esta edad comienza la pubertad, por lo que la mayoría de los niños experimentarán los cambios hormonales y físicos propios de esta etapa del desarrollo. Eso significa que se trata de una etapa difícil en la que tu hijo puede pensar que es lo suficientemente maduro como para tomar sus propias decisiones pero en realidad aún necesita tu apoyo y cuidado.

Su cerebro es particularmente vulnerable

En esta etapa tu hijo puede experimentar una gran inestabilidad emocional, que está determinada tanto por los cambios hormonales como por las nuevas demandas que encuentra en su entorno y ante las cuales no siempre sabe cómo debe responder. A esta edad comienza a explorar el mundo por sí solo, por lo que es muy importante que le hables de temas como el consumo de alcohol, tabaco y drogas.

De hecho, a esta edad su cerebro todavía tiene una increíble densidad neuronal ya que aún no ha comenzado el proceso de “poda sináptica” que ocurre durante la adolescencia. Esto significa que las fibras nerviosas de las vías menos utilizadas comenzarán a “encogerse” mientras que las neuronas en las vías más utilizadas se fortalecerán. Por eso es tan importante que en esta etapa los niños amplíen su rango de intereses y, sobre todo, que eviten algunos malos hábitos que pueden terminar pasándoles factura desde el punto de vista neuronal, desde el consumo de drogas y alcohol hasta una mala alimentación o hábitos de sueño inadecuados.

Es importante hablar de todo

Un sentido del humor más agudo y una mayor autocrítica

En esta etapa el sentido del humor de tu hijo se hará mucho más agudo, lo cual se debe a que es capaz de captar las relaciones abstractas y los dobles sentidos. En algunos razonamientos pueden llegar a parecer tan maduro como un adulto, pero dado que aún no lo es, también puede sorprenderte con argumentos unilaterales y opiniones ingenuas. Tu misión en esta etapa consiste en ayudarle a madurar, pero sin imponer tus puntos de vista ya que de esta manera solo conseguirás que asuma una actitud defensiva. Tendrás que hablarle con mucho tacto.

A esta edad los niños también pueden llegar a ser muy críticos consigo mismo y con su apariencia. Quieren lucir y hacer lo mismo que sus compañeros, sobre todo los adolescentes mayores, por lo que es fundamental que los padres consoliden el sentido de identidad personal y les enseñen que ser diferentes no es malo. Este es el momento para apuntalar su autoestima y enseñarle a valorar sus capacidades.

El complejo inicio de la madurez

Es importante que encuentres momentos de tranquilidad para hablar con tu hijo sobre temas más profundos como la ética, la justicia, la espiritualidad y las consecuencias a largo plazo de sus decisiones. Esas conversaciones pueden marcar una gran diferencia en su vida futura. También puedes comenzar a compartir algunas de tus experiencias de vida más importantes, las decisiones difíciles que has tenido que tomar y las lecciones que aprendiste.

Aunque no lo parezca, tus valores influirán en su pensamiento ya que sigues siendo un modelo importante para tu hijo. El problema es que a esta edad necesita reafirmar más su rol social que familiar, por lo que a veces dará la impresión de que no te escucha.

De hecho, es probable que en ocasiones te molesten sus negativas y comportamientos impertinentes pues es como si se hubiera propuesto contradecirlo todo. Tienes que comprender que en esta etapa tu hijo está viviendo un conflicto muy intenso entre lo que le apetece hacer y lo que le dicta su conciencia. Por otra parte, también necesita afirmar su personalidad, por lo que es normal que confronte todo y se vuelva un poco rebelde.

En esta edad también surge el interés por el sexo opuesto y por explorar su cuerpo, por lo que es importante abordar la sexualidad con naturalidad y de manera abierta. Recuerda que la distancia afectiva que establece el adolescente no es negativa, sirve para indicarle a los padres que deben dejarle espacio, pero manteniéndose cerca.

 

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