Cómo evitar que tu hijo se muerda las uñas

El hábito de morderse las uñas suele comenzar en la infancia y, si no se ataja a tiempo, puede acompañar a la persona durante el resto de su vida. De hecho, se estima que el 25% de los niños que se muerden las uñas seguirán haciéndolo al llegar a la adolescencia.

En un primer momento, no se trata de un problema alarmante y es probable que desaparezca por sí solo, pero es importante cerciorarse de que no se convierta en un hábito. También es importante descartar que la onicofagia sea un signo de un conflicto emocional subyacente o un síntoma de un trastorno obsesivo-compulsivo o un trastorno dismórfico corporal.

Las consecuencias de morderse las uñas

Morderse las uñas con frecuencia puede aumentar el riesgo de que el niño desarrolle enfermedades bacterianas. Debajo de las uñas proliferan diferentes bacterias que pasan a los dedos cuando se manipulan los objetos, por lo que la tendencia a llevarse las manos a la boca hará que esas bacterias pasen a las mucosas y provoquen infecciones.

Cuando las uñas se muerden hasta lo más profundo, no solo tardarán más en crecer sino que pueden hacerlo de manera inadecuada. Además, el niño se expone a sufrir dolor ya que las uñas no protegen adecuadamente el dedo. También pueden aparecer problemas en los dientes, provocados por el desgaste del esmalte en los bordes de las piezas, lo cual aumenta la sensibilidad dental y puede dar pie a una maloclusión, además de causar molestias en las cervicales cuando el problema es de larga duración.

Cómo ayudar a un niño para que deje de morderse las uñas

  • Buscar la causa. Algunos niños se muerden las uñas hasta que sangran, lo cual puede catalogarse como un comportamiento autolesivo. Sin embargo, en vez de reprenderle o castigarle, lo más importante es buscar la causa de esa conducta. En muchos casos los niños comienzan a morderse las uñas simplemente por aburrimiento, te darás cuenta porque lo hace cuando no tiene nada que hacer o la actividad en la que está inmerso no es lo suficientemente motivante. Sin embargo, a veces morderse las uñas es señal de estrés, ansiedad o cansancio ya que se trata de una estrategia para canalizar esas emociones. En ese caso, es conveniente indagar en las preocupaciones y/o miedos del niño.
  • Evitar que se convierta en un hábito. En algunos casos, las situaciones de estrés o conflicto que dieron origen a la tendencia a morderse las uñas desaparecen, pero el niño sigue haciéndolo. Cuando un hábito se instaura, es más difícil de erradicar, por lo que es importante evitar que morderse las uñas se convierta en una costumbre. Para ello, lo mejor es no prestarle demasiada atención. Lo más conveniente es que cuando comience a morderse las uñas, desvirtúes su atención hacia otra tarea que demande el uso de las manos. Incluso puedes adelantarte a ese comportamiento identificando las situaciones en las que tu hijo suele morderse las uñas, como cuando ve la televisión, por ejemplo.
  • No recurrir al castigo. En muchos casos, alarmarse o regañarle solo sirve para afianzar el hábito. Los castigos solo añaden más tensión, además de hacer sentir culpable al niño por un comportamiento que normalmente realiza de manera automática, sin ser plenamente consciente. En su lugar, debes intentar que asuma un papel activo para erradicar ese hábito. Por ejemplo, puedes proponerle que se ponga tiritas para proteger las uñas y recordar que no debe llevárselas a la boca.
  • Explicar las consecuencias de morderse las uñas. Más allá del aspecto estético, puedes explicarle a tu hijo que morderse las uñas puede causarle otros problemas de salud. No se trata de alarmarle o asustarle usando frases como “tus uñas se deformarán como las de un ogro” sino de hacerle comprender que no es un hábito inocuo sino que tiene consecuencias. También puedes resaltar las ventajas de tener las uñas limpias y cuidadas.
 

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