Claves para ayudar a controlar los impulsos agresivos en los niños

Los niños pequeños necesitan límites. Las reglas y las normas les ayudan a darle un sentido a su mundo y les permiten sentirse más seguros. De hecho, los tres primeros años de vida son determinantes puesto que en esa etapa los pequeños interiorizan ciertos comportamientos y entienden lo que se espera de ellos. También comprenden que son una personita independiente de sus padres y comienzan a probar fuerza, por lo que si se sigue un estilo de crianza demasiado permisivo y no se le pone coto a sus impulsos, luego será más difícil lidiar con esa agresividad.

¿Por qué los niños pequeños pueden comportarse de manera agresiva?

Los niños pequeños aún no tienen un buen autocontrol, por lo que cuando se enfadan no son capaces de controlar adecuadamente sus reacciones emocionales y expresan esa ira directamente. El hecho de que las zonas pre-frontales del cerebro aún no se hayan desarrollado por completo también es una limitación ya que estas son precisamente las que se encargan de inhibir las respuestas emocionales impulsivas. Aun así, es importante enseñarles desde pequeños que la agresividad y la impulsividad no son la mejor solución.

¿Cómo enseñarle a tu hijo a controlar la agresividad?

  1. Educa con tu ejemplo. Los niños aprenden fundamentalmente por imitación, por lo que si tu hijo ve que pierdes la paciencia, gritas y te enfadas, asumirá que esos comportamientos son aceptables. Al contrario, si reaccionas con serenidad ante los contratiempos, tu pequeño también aprenderá a controlar su ira y mal humor.
  2. Castiga el comportamiento, no a la persona. Es fundamental que no hagas sentir mal a tu hijo por reaccionar de manera impulsiva. Lo que se castiga y critica es la conducta, no la persona. El niño puede sentirse frustrado y enfadado, no hay nada de malo en ello, es una reacción normal. Lo importante es que aprenda a controlar la expresión de esa ira. Por eso, en vez de decirle “no debes enfadarte” puedes decirle “comprendo que te has enfadado, pero no debes reaccionar así. De esta manera validas sus emociones pero también le dejas claro que no aceptas ese comportamiento.
  3. Hazle notar las consecuencias de su mala conducta. Los niños pequeños aún no han desarrollado el concepto causa-efecto, por lo que no siempre son conscientes de las consecuencias de sus actos. Es tu tarea hacérselas notar. Cuando se comporte de manera agresiva, explícale las consecuencias de sus palabras, actitudes y comportamientos, tanto para sí como para los demás. Anímale a que se ponga en el lugar del otro e intente comprender cómo se sintió al ser víctima de su rabia.
  4. Sé constante. Si en algunas ocasiones castigas su mala conducta pero otras veces simplemente estás demasiado cansada y la dejas pasar, muy pronto el niño comprenderá que hay una inconsistencia educativa y la usará a su favor. Por eso es fundamental que seas coherente y que sigas las reglas que has establecido. Tu pequeño debe comprender que el hecho de que estés cansada o de que os encontréis en un sitio público no es motivo para comportarse mal o dar rienda suelta a su enfado.
  5. Bríndale alternativas de comportamiento. Es normal que de vez en cuando tu hijo se frustre o se enfade, debes enseñarle a gestionar esas emociones de manera asertiva. Puedes explicarle que, si se enfada con una persona, lo más recomendable es que se aleje hasta que se haya calmado. También puedes crear un pequeño “rincón de la ira”, donde puede gritar y/o golpear una almohada, por ejemplo, hasta que sienta que ha recuperado el control. Otra alternativa es enseñarle técnicas de autocontrol como la meditación y la respiración.

Por último, pero no menos importante, recuerda premiarle cada vez que logra controlar su mal humor. Un beso, un abrazo y unas palabras reconfortantes son el mejor aliciente para crecer y mejorar cada día.

 

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