Mom2Mom - El segundo año de tu bebé

El segundo año de tu bebé

Tu bebé seguirá creciendo y estirándose, sus piernas y su torso se alargan, de manera que irá adquiriendo las proporciones del cuerpo de un adulto. No obstante, los cambios no ocurren solo en el plano físico sino también en el ámbito psicológico. Notarás que se está haciendo “mayor” pues irá ganando independencia y autonomía. Ahora será capaz de comunicarse mejor y de comprender lo que dices ya que su pensamiento se está desarrollando. Estos cambios te permitirán mantener una conversación sencilla y entender mejor sus necesidades y deseos.

En esta etapa algunos niños dejan de dormir la siesta, aunque es conveniente que siempre que sea posible programes un rato para que descanse por la tarde ya que así no solo repondrá energía sino que también se levantará más relajado y evitarás que esté demasiado irritado cuando caiga la noche.

A lo largo de este año también tendrás que enfrentar un tema complicado: el chupete. Los especialistas recomiendan retirarlo a partir de los dos años para evitar que provoque una malformación y no fomentar un hábito de dependencia que después será más difícil eliminar. También es conveniente que planifiques la primera visita al dentista, de manera que el pequeño se vaya acostumbrando a sentarse en la silla y más tarde no le tenga miedo.

Aparecen las primeras rabietas infantiles

A medida que tu peque se hace más independiente, no solo hablará más de sí mismo sino que también empezará a desarrollar sus preferencias y se negará a hacer las cosas que no le gustan. Si tu hijo tiene un temperamento fuerte, en esta etapa pueden aparecer las primeras confrontaciones, por lo que tendrás que aprender a manejar sus negativas y animarle a cooperar.

Intenta ponerte en su lugar y recuerda que es normal que el pequeño intente poner a prueba los límites. En esta etapa también suelen aparecer las primeras rabietas, que generalmente se deben a la frustración y la incapacidad para expresar con palabras sus emociones y pensamientos. Por eso, cuando se enfade o se frustre, lo expresará con todo su cuerpo.

Es importante que no les prestes demasiada atención a las rabietas y que te centres en reforzar sus buenos comportamientos, de manera que el pequeño comprenda qué esperas exactamente de él. Recuerda que eres su ejemplo a imitar, así que si pierdes los estribos y le gritas, asumirá que ese comportamiento es adecuado para lidiar con las situaciones.

Desarrollo motor: El control motor le permite ganar independencia

Si tu bebé todavía no ha dado sus primeros pasos, ahora lo hará, lo cual abrirá un nuevo universo de cosas por descubrir, aunque también representará nuevos riesgos ya que el pequeño podrá llegar a todas las zonas de la casa y tendrás que cerciorarte de que todos los rincones son seguros, además de establecer ciertas reglas de seguridad.

Cuando cumpla los tres años ya podrá caminar sin dificultad y su marcha será mucho más estable pues habrá aprendido a desarrollar el movimiento flexible entre el talón y los dedos. También ganará en estabilidad y equilibrio, por lo que podrá saltar sin caerse y comenzará a moverse siguiendo el ritmo de la música.

Alrededor de los 25 meses muchos niños ya están listos para comenzar a desarrollar las habilidades que le permitan cuidar de sí mismos, como aprender a lavarse las manos, cepillarse los dientes y ponerse y quitarse prendas de ropa sencillas. De hecho, alrededor de los 30 meses la mayoría de los peques ya están preparados para ir al baño solitos, aunque pueden tardar un poco más en controlar la micción nocturna, por lo que es probable que tu hijo siga mojando la cama por la noche.

En esta etapa ya habrá desarrollado mucho más la motricidad fina, por lo que podrá sostener objetos pequeños con mayor facilidad y jugar con ellos. A esta edad le encantará hacer torres de bloques y clasificar los juguetes por formas y colores, aunque también comenzará a dibujar sus primeras “obras de arte”.

Desarrollo psicosocial: Un niño más volcado hacia los otros

A lo largo de este año serás testigo de muchos cambios en el pensamiento de tu hijo. En estos meses se comienzan a formar imágenes en su mente, las cuales le permiten clasificar las cosas por categorías y darle cierta organización al mundo.

Su memoria también mejora y ya es capaz de mantener la atención durante periodos más largos de tiempo, por lo que comenzará a disfrutar de los dibujos animados y podrá seguir el hilo de una conversación sencilla.

De hecho, alrededor de los 26 meses el pequeño ya dominará unas 50 palabras y será capaz de construir frases sencillas. Poco a poco también irá apropiándose de las reglas gramaticales, pero confundirá a menudo los pronombres o no los usará, por lo que todavía te resultará difícil comprender algunas de sus frases. Si le enseñas, podrá distinguir los colores básicos y aprenderá a identificar la mayoría de las partes del cuerpo.

No obstante, uno de los cambios más importantes que ocurre en esta etapa es que el pequeño comienza a apropiarse de la “Teoría de la Mente”. Te darás cuenta de que tu bebé es más consciente de lo que los demás piensan y sienten. De hecho, al final del segundo año notarás que cambia su forma de hablar y las palabras que usa en dependencia de su interlocutor, con los niños más pequeños puede emplear un lenguaje más sencillo.

También se interesará más por el estado de ánimo de quienes le rodean, por lo que puede preguntarte por qué el papá está enfadado o por qué su hermanito está llorando, por ejemplo. Este es el momento ideal para que comiences a enseñarle a identificar las diferentes emociones. De hecho, tu pequeño ya es capaz de reconocer tu estado emocional por tu tono de voz. No utilices frases recriminatorias ni etiquetas como “eres un niño malo”, en su lugar puedes explicarle de manera sencilla que te has enfadado por su mal comportamiento y pedirle que no lo vuelva a hacer.

El amigo imaginario

El interés que va desarrollando el pequeño por los demás hará que muy pronto desee jugar con otros niños, en vez de limitarse a jugar solo. También está a punto de iniciarse en el maravilloso mundo del juego imaginativo, por lo que dos de cada tres niños desarrollan un amigo imaginario en esta etapa.

El amigo imaginario no suele ser motivo de preocupación y, tal como ha surgido, desaparecerá, normalmente entre los 6 y 8 años. De hecho, no debes reñirle ni burlarte de su “amigo”, pero tampoco debes fomentar esa idea y no permitas que tu hijo le responsabilice por sus errores o malos comportamientos.

Ese personaje imaginario es más común en los hijos únicos, ya que les hace compañía en el juego, aunque también es muy útil para el desarrollo del lenguaje y les ayuda a canalizar sus miedos y preocupaciones. Además, se ha apreciado que los niños que tienen un amigo imaginario son más creativos.

El amigo imaginario puede convertirse en un problema si el niño prefiere jugar con este personaje en vez de pasar tiempo con sus amigos reales, sobre todo si muestra comportamientos agresivos o conflictivos. También debes prestarle atención al diálogo que establece con ese “amigo”, en busca de conversaciones que no sean muy normales o que puedan representar un riesgo para su seguridad.

 

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